Cruzar el Abra del Acay a casi 5.000 metros de altura siempre es una hazaña
Pero intentarlo en pleno invierno salteño eleva la apuesta a un nivel extremo. Las rutas desérticas de la Puna no perdonan: el «serrucho matador» del camino pone a prueba cada tornillo del equipamiento, aflojando defensas y palancas en cuestión de kilómetros, mientras que las ráfagas de viento levantan densas nubes de polvo y arena que envuelven por completo a los aventureros.