El "serrucho matador" y las trampas de la Puna salteña

Vir Guidetti | Embajadora de la Red | RUMBO

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Cruzar el Abra del Acay a casi 5.000 metros de altura siempre es una hazaña

Pero intentarlo en pleno invierno salteño eleva la apuesta a un nivel extremo. Las rutas desérticas de la Puna no perdonan: el «serrucho matador» del camino pone a prueba cada tornillo del equipamiento, aflojando defensas y palancas en cuestión de kilómetros, mientras que las ráfagas de viento levantan densas nubes de polvo y arena que envuelven por completo a los aventureros.

El cruce de vados: Dominando el agua y la piedra suelta

Al avanzar por la ruta, el camino se ve interrumpido por un arroyo de montaña que desciende de los picos. Cruzar esta barrera requiere una entrada decidida y controlada, ya que las piedras sueltas del fondo añaden mucha inestabilidad. Mantener un impulso constante y un equilibrio firme sobre las estriberas es fundamental para superar el caudal sin contratiempos.

El peligro del hielo: Cruzando vados congelados en la Puna

El verdadero desafío del invierno aparece más adelante, donde los arroyos de altura se transforman en trampas de hielo transparente. Cruzar estos vados congelados exige máxima pericia técnica: el hielo sólido y resbaladizo puede provocar caídas inevitables. La estrategia clave consiste en buscar las huellas donde el hielo esté quebrado o texturado para mantener la tracción, evitando a toda costa las superficies lisas donde las ruedas pierden el control por completo.

Abra del Acay en Moto: Travesía Invernal Extrema | Vir Guidetti

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